Water as leverage Cartagena avanza en el proyecto de intervención para transformar la orilla sur del canal Juan Angola, en un recorrido público que combine infraestructura de drenaje, recuperación del mangle y nuevos espacios para las comunidades.
El proyecto de intervención sobre el Canal Juan Angola entra en su fase más intensa. El consorcio Raíces de Cartagena avanza en el diseño detallado, el modelado hidráulico, los estudios de impacto ambiental y social, y la estrategia financiera que se consolidarán en el documento de factibilidad para la intervención de la orilla sur del canal.
La naturaleza del proyecto es clara desde el principio: «Al final estamos hablando de un acondicionamiento, de una renovación de una orilla a través del espacio público», explica Eduardo Marín, responsable del diseño paisajístico en el consorcio. «Es un proyecto urbano de espacio público con ingeniería, que es diferente a un proyecto de ingeniería». El canal se intervendrá como un parque o borde urbano, donde la infraestructura para la gestión del agua y los usos comunitarios conviven en el mismo recorrido. En el trazado del proyecto se incluyen algunas calles que acumulan mayor volumen de agua proveniente del cerro de La Popa, identificadas mediante modelado hidrológico, y consideradas necesarias para la intervención puesto que ayudarían a drenar el territorio y resultarían fundamentales desde el punto de vista de la gestión de las inundaciones.

Medir el terreno antes de transformarlo
Conocer el terreno con precisión es el primer paso para diseñar bien; para esto, la Secretaría de Infraestructura del Cartagena trabaja de la mano con el equipo de Water as Leverage en dos estudios esenciales. El primero es el levantamiento topográfico de alta resolución, un mapa detallado del suelo que registra variaciones de apenas centímetros: «Estamos hablando de variaciones de 10, 20 o 30 centímetros, y es muy importante tener esa precisión para el diseño”, señala Eduardo, pues con esa información es posible entender con exactitud por dónde fluye el agua y dónde se acumula.El segundo es el estudio geotécnico, un análisis de la composición y resistencia del suelo en los distintos tramos del canal para saber con qué tipo de terreno se trabaja y diseñar estructuras seguras y adecuadas para cada zona: «hay unas áreas que son de caminos, otras que son de plaza, otras que son para unas pasarelas de madera, embarcaderos, etc. Entonces, todo este tipo de estructuras tienen unas capacidades de carga distinta, unos procesos constructivos distintos, para lo cual, tienes que hacer un estudio geotécnico del suelo para saber si tiene la capacidad de soportar esta infraestructura», de esta manera es posible anticipar lo que se puede encontrar bajo el pavimento cuando comiencen las obras.
Por otro lado, el equipo tuvo conversaciones con la Secretaría de Planeación para integrar el proyecto, y otras posibilidades de soluciones basadas en la naturaleza desarrolladas en el Programa, con el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Cartagena, el instrumento que define cómo debe crecer y se debe organizar la ciudad en los próximos años. «El POT tiene una serie de objetivos y lo que buscamos es identificar en qué secciones el proyecto se articula mejor», explica el diseñador. Entre los puntos de encuentro más relevantes están el manejo del riesgo de inundaciones, la actualización de los mapas de zonas inundables y la apuesta del POT por utilizar el agua como uno de los ejes estructuradores del territorio. El canal Juan Angola se convierte así en una oportunidad concreta para demostrar que el agua puede ordenar y mejorar la ciudad.
Los recursos naturales como oportunidades
Uno de los principios que guía el diseño es tratar el canal como el eje alrededor del cual se organiza el espacio. A un lado del recorrido peatonal se establecerá la zona ecológica: el mangle, el acceso al agua y los embarcaderos. Al otro, las áreas públicas que hoy están sin uso serían integradas como nuevas plazas y zonas de encuentro. «La idea es que el canal, la carrera 11 y toda la trama urbana que está enfrente funcionen como una cremallera que va unificando todo», describe Eduardo.
Para que ese sistema funcione, desde el consorcio se verifica el comportamiento hidráulico de la zona: cuánta agua puede manejar la infraestructura, qué capacidad de drenaje se necesita y hasta qué punto el proyecto resuelve el problema de inundaciones en distintos escenarios de lluvia. El objetivo es diseñar una solución eficaz para las tormentas más frecuentes, con un margen razonable para eventos más intensos.
Tener mangle en el corazón de una ciudad es algo poco común. Normalmente este ecosistema vive en playas o desembocaduras de ríos; que haya sobrevivido en el Canal Juan Angola lo convierte, según el equipo, en parte del patrimonio ambiental del sector. «El mangle forma parte de la identidad cultural y de la herencia ambiental del canal», afirma Marín; por esto, uno de los compromisos centrales del proyecto es preservarlo. El reto está en encontrar el equilibrio adecuado, pues si se le da demasiado espacio, el mangle puede colonizar el cuerpo de agua. La solución propuesta consiste en unas terrazas escalonadas construidas con gaviones (estructuras de piedra contenida en mallas de metal) que delimitan el espacio donde el mangle puede crecer y garantizan que la marea lo bañe a diario, condición indispensable para su supervivencia. En los tramos más deteriorados, se contempla la replantación de nuevos individuos de mangle.
Espacios con uso, espacios que se cuidan
Una de las observaciones más reveladoras del proceso de diseño vino de recorrer el canal: los espacios donde las comunidades han construido algo, una cancha, un punto de encuentro, una pequeña intervención, están cuidados. A partir de esa realidad, el equipo decidió programar cada tramo del recorrido con una función concreta: «La idea es que, si la gente que vive alrededor encuentra una razón de pertenencia, el espacio se mantendrá», puntualiza Eduardo.
Eso significa conservar y ampliar los embarcaderos existentes, incorporar zonas de reciclaje, crear áreas de encuentro y, en la zona de mangle más densa, plantear una senda angosta entre los árboles que funcione como una especie de ecomuseo, un recorrido ligero de poco más de un metro de ancho donde los visitantes puedan caminar entre el mangle, con información sobre las especies que habitan el canal. La vegetación que se propone dentro del proyecto también ha sido pensada con criterios de durabilidad a partir de un marco de plantación: árboles de porte ya establecido que generen sombra desde el primer día y que resistan en el espacio público, para lo cual se tienen en cuenta el tipo de suelo, la cantidad de espacio y las necesidades de irrigación que requiere cada especie.
Para esta fase, el trabajo del equipo Raíces de Cartagena culminará con la entrega de un MGA –Metodología General Ajustada–, un instrumento para formular y estructurar proyectos de inversión pública en Colombia. Documento que será el resultado de varios años de análisis de Water as Leverage Cartagena en el territorio, de participación de diferentes actores de la ciudad, de trabajo conjunto con el Distrito y de escucha a las comunidades que viven junto al canal.
